Fragmentos de ayer, 25N.


Elina Chauvet decía en el vídeo que vimos (entrada anterior) que cuando se ponía en marcha el proyecto de arte urbano "Zapatos Rojos" se movía la gente, que preguntaba al pasar y ver los zapatos, dialogaban sobre el tema, que buscaban zapatos, que se organizaban para pintarlos y que al final se unían en un sentimiento de rechazo conjunto hacia la violencia contra la mujer. Gracias, Elina, porque lo hemos vivido gracias a tu obra.




Tras organizarnos con el alumnado, asociaciones e instituciones, realizamos una marcha silenciosa que desembocó en la plaza. La llegada de la manifestación, ya de noche, coincidió con el toque de campañas de la Iglesia de Santa Ana que preside el centro de Algodonales, llenándonos de emoción porque junto a los zapatos y las velas que habíamos colocado, el tañir de las campanas sonó como un requiem.



Vídeo cedido por Manuel Santos

A continuación, Alejandro Albaladejo nos leyó un manifiesto que nos emocionó más si cabe, porque cuando las palabras describen la realidad cabalmente y proceden de sentimientos profundos y convicciones firmes no puede ser de otro modo.



Algunas reacciones de nuestro alumnado:

"Algo más que un emotivo gesto, una continua lucha, una protesta de todos los que sentimos la necesidad de erradicar el terrorismo machista, los feminicidios, el maltrato que sufren las mujeres en esta sociedad. Una sociedad en la que para mí no hay cabida para los asesinos que acaban con la vida de chicas jóvenes, madres coraje, emprendedoras, mujeres con una vida por delante.
Cada par de zapato representa una víctima de esta violencia, haciendo visible lo invisible, haciendo visible aquellas muertes que pasan desapercibidas como si de una sombra se tratase, lo que no podemos permitir. Una realidad que se cobra en lo que llevamos de año 48 víctimas. ¡Basta ya!"

Francisco Javier Racero Pérez, compartido en Facebook, 2º de Bachillerato.



Foto de Lucía Ramírez, 1º ESO.


Yo, la que os cuenta esto (Cristina R.),  me atreví a leer un fragmento de un texto de Carmen Martín Gaite que transcribo aquí:

“Nadie puede enjaular los ojos de una mujer que se acerca a una ventana, ni prohibirles que surquen el mundo hasta confines ignotos (…). Basta con eso para que se produzca a veces el prodigio: la mujer que leía una carta o que estaba guisando o hablando con una amiga mira de soslayo hacia los cristales, levanta una persiana o un visillo, y de sus ojos entumecidos empiezan a salir enloquecidos, rumbo al horizonte, pájaros en bandada que ningún ornitólogo podrá clasificar, cazar ningún arquero ni acariciar ningún enamorado y que levantan vuelo hacia el reino inconcreto del que solo se sabe que está lejos, que no lo ha visto nadie y que acoge a todos los pájaros ateridos y audaces, brindándoles terreno para que hagan su nido en él unos instantes”



de “De su ventana a la mía”, 

Carmen Martín Gaite.



  Pilar Carretero cerró el acto con un sentido zapateado flamenco.



Cuando el arte moviliza y aúna sentimientos.

Por todas ellas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario